lunes, 14 de mayo de 2012

Corporación Cultural de Las Condes celebra centenario del gran pintor chileno Pedro Lira: el padre de la pintura chilena

CENTENARIO 

Este martes, la Corporación Cultural de Las Condes inaugura una gran exposición con 80 pinturas de este protagonista de la historia del arte.  



CECILIA VALDÉS URRUTIA 
Pedro Lira (1845-1912) es considerado el primer artista nacional en tener "una técnica perfecta". Y el poseedor de una trayectoria que inicia y termina de acuerdo a una vocación irresistible, "sometido al instinto creador, al frío razonar y a la mente rectora", como escribiera el legendario crítico Antonio Romera.







Pero el autor de pinturas emblemáticas como "La carta" y "La Fundación de Santiago" no fue un innovador. Tampoco cultivó estilos nuevos: era un férreo defensor de convencionalismos del arte. Sin embargo, propició la atmósfera que los haría posibles. Él se sitúa al centro desde donde parte la renovación artística en Chile.

El director del Museo de Bellas Artes, Roberto Farriol, lo destaca como "una figura relevante en el desarrollo de las artes visuales en Chile: impulsor de importantes instancias de difusión, enseñanza y discusión en torno a la pintura".

Lira protagonizó la academia y la teoría del arte. Escribió libros notables, como "Diccionario de pintores chilenos", y tradujo a Vasari, entre otros.

Al cumplirse los 100 años de su muerte, la Corporación Cultural de Las Condes -siguiendo una línea curatorial de rescate de nuestra historia del arte- ha logrado reunir una amplia selección de más de 80 pinturas de Pedro Lira, provenientes de museos, bancos y colecciones privadas. La valiosa exhibición -que se abre el martes y ocupará el segundo piso del Instituto Cultural- abarca todos los estilos y géneros que cultivó, junto con poner en pauta sus trascendentes aportes tanto en la práctica como en la teoría, en la discusión del arte y la pintura.

Impulsa la creación del Museo de Bellas Artes
Pedro Lira Rencoret nació un 14 de mayo en Santiago. Estudió en el Instituto Nacional y luego ingresó a Derecho en la Universidad de Chile, donde se recibió de abogado. Nunca ejerció. Pero esa formación humanista fue clave para el desarrollo de sus postulados estéticos.

Asistía en forma paralela a los cursos de pintura en la Academia de Bellas Artes, donde era alumno de Cicarelli. Su fuerte y atractiva personalidad, unida a su cultura, lo llevó a convertirse rápidamente en líder. Sus amigos y discípulos lo seguían, al punto que después se habla de 'las huestes de Pedro Lira'.

En 1872 obtiene la Segunda Medalla en la mítica muestra del Mercado Central, indica el historiador del arte Ricardo Bindis. Decide partir a París para ampliar sus conocimientos; dos años antes se había casado con Elena Orrego Luco, hermana del pintor.

En la capital francesa se enfrentaban dos corrientes pictóricas: una más tradicionalista y otra más libre que buscaba salirse del academicismo. Lira no adscribe a ninguna, pero observa con atención los cruces de estilos. Lo seduce la cultura francesa y le interesa "penetrar en los secretos de la técnica y en los fundamentos esenciales de las artes del diseño", cuenta Romera.

Delacroix fue un pintor clave. Lira copió del maestro romántico "Entrada de los cruzados en Constantinopla". La pintura más ambiciosa que pinta en París -destaca Bindis- fue "La mala nueva", actualmente de la colección del Club de la Unión, una obra más narrativa y que ahora sale de esas céntricas paredes para exhibirse en Las Condes.

En 1884, regresa a Chile y empieza -según escribe el crítico más conservador e importante de esa época, Richon Brunet-, "el periodo más importante de su carrera". Funda La Unión Artística y organiza las exposiciones y salones permanentes, junto al escultor José Miguel Blanco. Es también el gran artífice para el nacimiento del Museo de Bellas Artes en la Quinta Normal. En 1892 lo nombran director de la Escuela de Bellas Artes.

Líder y polemista
Su absorbente personalidad "no le dejaba margen a quienes seguían sus enseñanzas pero que buscaban romper las normas de su docencia", reseña el crítico. La razón era obvia: tenía tanta autoridad espiritual como didáctica. Lo avalaban el hecho de ser considerado el 'primer artista' de entonces y el haber compartido momentos cruciales de la historia del arte, destaca Romera.

"Lira ha residido en París. Asistió al entierro de Manet y vio la llegada de una nueva generación: la de Gauguin, Seurat y Van Gogh, cuya norma es la oposición al impresionismo. Puede también evocar a los viejos maestros: Delacroix, Daumier, Ingres, Millet, Corot, Courbet..."

El pintor chileno desarrolla la enseñanza directa y se preocupa de difundir sus ideas y teorías, dentro de su defensa estricta de los parámetros de la Academia. El investigador del arte Pedro Zamorano señala que Lira "fue partidario de una enseñanza rotundamente honrada, que se basaba en lo que se entendía como sanos principios artísticos".

Lira publicó artículos, ensayos e hizo crítica de arte. Tradujo un trascendente libro de estética: "La filosofía del arte" de Hipólito Taine. "Fue el primero, en Chile, en crear una atmósfera densa del arte y se convirtió en el artista que concentra el mayor interés de la crítica de comienzos del siglo XX", precisa Zamorano. Entre sus discípulos se encontraban Carlos Alegría, Rafael Valdés, Marcial Plaza, Agustín Undurraga, Pablo Burchard y José Caracci, entre otros.

También defendió la libertad de enseñanza, como consigna Jorge Sanhueza: "Las ideas estéticas y pedagógicas de Pedro Lira eran, como lo dejó escrito claramente, contrarias a la intervención de las autoridades estatales y universitarias".

Se enfrascó en ácidas polémicas en momentos en que corrían tendencias más modernistas en la pintura local. Entre las encendidas disputas es célebre la que se sostuvo con Juan Francisco González. Lira le escribe a Ramón Subercaseaux que en el Salón de 1894, González ha exhibido "una verdadera avalancha de impresiones de singular atrevimiento... Es incapaz de hacer un cuadro, por cuanto en él la impresión, aunque profunda y ardiente, es demasiado fugitiva y su educación de artista es incompleta; en cambio, hace improvisaciones como no las hace nadie...".

Zamorano relata que luego en la exposición de 1896, en Valparaíso, González le disputaba la primera medalla a Valenzuela Puelma. Pedro Lira, jurado en esa ocasión, optó por apoyar la "Perla del Mercader", del segundo, que finalmente obtuvo el premio.

Técnica y diversidad
Sobre la perfección técnica de Pedro Lira, Romera lo distingue de sus antecesores: "Los pintores anteriores muestran dudas, vacilan y sustituyen con el instinto y con esfuerzo la insuficiencia de una etapa seria de preparación, mientras la carrera de Lira fue una marcha permanente hacia la perfección".

Pedro Lira trata el color despojándolo de sequedad y dureza, y logra una "gran transparencia y movimiento en la superficie pintada. El dibujo siempre lo somete a la fórmula naturalista".
Se pasea, además, por los más diversos temas. "Su enorme talento le permite movilidad de estilos y dar cuenta de un mundo sensible y cambiante, dominado por el eclecticismo que caracterizó el cambio de siglo en la pintura chilena. Referirse a Pedro Lira -agrega Farriol- es en buena parte hacer visible un momento de cambios significativos en el arte, cuando en Europa los impresionistas son criticados, mientras aquí siguen vigentes tendencias o corrientes ya adoptadas por el gusto de la época".

Romera definió tres modos estilísticos en Pedro Lira: Romanticismo naturalista, realismo y romanticismo purista. Tendencias que en el pintor "no tienen un desarrollo histórico cronológico, ni están separadas por fronteras precisas; ni siquiera son las únicas que cultiva".

El retrato es uno de los géneros en el que logra mayor sensibilidad y profundidad psicológica, como en "La carta interrumpida" y "Retrato de niña". En las pinturas "El Balcón" y "Retrato de dama", consigna el crítico español, se acercó notablemente a la pintura pura. En la etapa de romanticismo destaca "Celos", donde "un solo personaje crea toda la íntima tragedia".

Dos obras notables del Museo de Bellas Artes, que se contraponen, de algún modo, son "El niño enfermo" y "La carta". En el primero "plasma una escena de intenso contenido social, reflejo de las desigualdades de comienzos del siglo XX", puntualiza Farriol. En esta pintura "la ejecución es más suelta. La pincelada, fuerte y pastosa, consigue apresar esas atmósfera sórdida del interior y la ruda vitalidad de las dos mujeres", escribe la historiadora del arte Isabel Cruz.

Para "La carta", en cambio, hace uso de una estrategia de construcción narrativa: "una puesta en escena que describe un momento esencial o el nudo dramático de una escena amorosa, lo que la ha trasformado en una de la pinturas más populares de la colección del museo", señala el director del MNBA.

La "Fundación de Santiago" es su pintura más conocida y se "inscribe en la categoría de obra que se instala en la identidad que América Latina adopta en el siglo XX", afirma Farriol.

Un aspecto de especial maestría y seducción es la capacidad que tenía Lira para capturar las atmósferas de los paisajes: "evidencia ahí una pincelada más suelta y menos académica". Sobresalen por su belleza y mayor libertad "Incendio en el parque" y "Atardecer". La búsqueda de la belleza en el arte, notable en Lira, toma especial protagonismo en cuadros como "Animales pastando", una composición de luz y color.

"Nocturno" y "Paisaje de primavera" constituyen otros ejemplos notables de obras de Lira, que integrarán la exposición y que irán internando al público en el goce de su pintura. Sin embargo, fue una composición que hizo en 1912 -el monumental paisaje Quinta Normal- el que revela, como pocos, que los nuevos modos de pintar eran también comprendidos por él.

Esa atmósfera que creó, de inquietud y pasión por las artes, provenía de su propia experiencia. Hecho -como reconoció el mítico crítico Antonio Romera- que junto a la entrega total a esta disciplina, lo llevaron a que el arte se convirtiera en él, como en muy pocos, "en una estética y en una ética de vida".

Al final de sus días y disminuido física pero no mentalmente, aquejado de una fuerte diabetes y presintiendo su muerte, quien es considerado el padre de la pintura en Chile le pidió a sus hijos que sus funerales se efectuaran privadamente y que sólo asistieran sus amigos más cercanos. Un crespón negro se colocó en una de sus pinturas que se exhibía en el Museo Nacional de Bellas Artes.

En qué fijarse al observar sus cuadros
La penetración psicológica que Pedro Lira logra especialmente en sus profundos, refinados y hasta conmovedores retratos.
La atmósfera que captura y recrea en sus paisajes, donde alcanza también la mayor libertad de trazo y simplificación.
Perfección de su técnica, en el uso del color, la luz, la materia pictórica, la que enseña a sus alumnos y presenta en sus escritos.
La belleza en sus composiciones es una cuestión primordial, que difunde y lleva a la práctica con vehemencia.
Diversidad de temas y estilos : Su talento lo conduce a abordar el retrato, los temas históricos, el paisaje y el tema social. Cruza también estilos de la época: el realismo y el romanticismo naturalista y purista.

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